Vigilantes de la noche es un magnífico documental que trata sobre la Abadía benedictina de Barroux, Francia, que sigue la liturgia romana tradicional, la Forma Extraordinaria del Rito Romano. En el reportaje se muestra la vida de oración y de trabajo de los monjes benedictinos, marcada por los diferentes oficios de la jornada cantados en gregoriano. Todo en Le Barroux es fidelidad. Fidelidad al Magisterio, fidelidad a la Liturgia, y fidelidad a la Regla y el Espíritu de San Benito
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lunes, 24 de febrero de 2014
lunes, 10 de febrero de 2014
Entre las obras del papa San Gregorio Magno (540-604 dC) se encuentra el Libro de los Diálogos, donde relata la vida de
varios santos de la península itálica venerados en su época. El segundo capítulo lo dedica enteramente a San Benito, nacido en Nursia (Umbria) hacia el año 480 dC. San Gregorio pudo informarse
sobre la vida del monje y abad Benito a través de varios discípulos directos. Siendo Benito un joven estudiante en Roma, decide cambiar radicalmente su vida y se hace monje. Una hermana suya, de nombre Escolástica, ya había sido consagrada a Dios desde su infancia. Al inicio de su nueva vida, Benito habita en una cueva de la región montañosa de Subiaco, donde más tarde establecerá varios monasterios con sus discípulos. Años después se traslada a la región de Montecassino, donde funda un nuevo monasterio, en el cual reside hasta su muerte. Allí aumenta su irradiación espiritual, y escribe la conocida Regla de los monjes ("Regula monachorum"), que a lo largo de los siglos tendría amplísima difusión. El abad Benito muere santamente rodeado de sus discípulos alrededor del año 547 dC.
El texto que narra la Vida de San Benito corresponde al Libro Segundo de los Diálogos, escrito aproximadamente 40 años después de la muerte del santo.
Tuvo amplísima difusión e influencia a lo largo de toda la Edad Media, y fué luego traducido a todas las lenguas modernas. Está redactado usando la forma de un diálogo entre el propio autor del libro y un personaje ficticio: el diácono Pedro. Al abordar un texto tan antiguo, es importante tener presente no solo el género literario utilizado, o sea: la narración de una serie de hechos milagrosos que jalonan la vida del santo, sino también su intención: escribir no una biografía en el sentido moderno de la palabra, sino más bien mostrar a los fieles la imagen de un verdadero santo, un hombre de Dios, un amigo de Dios, que por serlo participa de los dones divinos de poder y de ciencia (milagros, profecías). El autor nos dice en su relato que no se informó de todos los detalles de la vida de San Benito, y que tampoco refiere en su libro todo lo que sabía acerca de él. San Benito representa para Gregorio el ideal del monje perfecto, y la narración de su biografía es como un programa de vida que presenta a los lectores de su época.
La traducción castellana completa que ofrecemos fué realizada por D. Ernesto Zaragoza Pascual osb, y está tomada de la obra: "Vida de San Benito Abad" (Zamora, España, Ediciones Monte Casino, 1995).
REGULA SANCTI BENEDICTI
La regla benedictina es una regla
monástica que Benito de Nursia escribió a principios del siglo VI destinada a
los monjes. Cuando le destinaron al norte de Italia como abad de un grupo de
monjes, éstos no aceptaron la Regla y además hubo entre ellos un conato de
conspiración para envenenarle.
Benito se trasladó entonces al
monte Cassino, al noroeste de Nápoles, donde fundó el monasterio que sería
conocido más tarde como Montecassino. Allí le siguieron algunos jóvenes,
formando una comunidad que acató y siguió la Regla, conocida por las
generaciones futuras como Regula Sancti
Benedicti, de 73 capítulos, algunos añadidos y modificados después por sus
seguidores. Esta regla benedictina fue acogida por la mayoría de los
monasterios fundados durante la Edad Media.
El principal mandato es el ora et labora, con una especial
atención a la regulación del horario. Se tuvo muy en cuenta el aprovechamiento
de la luz solar según las distintas estaciones del año, para conseguir un
equilibrio entre el trabajo (generalmente trabajo agrario), la meditación, la
oración y el sueño. Se ocupó San Benito de las cuestiones domésticas, los
hábitos, la comida, bebida, etc. Una de las críticas que tuvo esta regla al
principio fue la "falta de austeridad" pues no se refería en ningún
capítulo al ascetismo puro sino que se imponían una serie de horas al trabajo,
al estudio y a la lectura religiosa, además de la oración.
Los discípulos de Benito se encargaron de
difundir la Regla por toda Europa y durante siglos (hasta la adopción de la
regla de San Agustín por los premostratenses en el siglo XII y los dominicos en
el siglo XIII), fue la única ordenanza a seguir por los distintos monasterios
que se fueron fundando.
Siguiendo los preceptos, el
hábito benedictino debía estar formado por una túnica y un escapulario,
cubiertas ambas piezas por una capa con capucha. No se dice el color que deban
llevar dichas prendas, aunque se cree que seguramente serían de la coloración
de la lana sin teñir, que era lo más fácil en los primeros tiempos. Después, el
color negro fue el predominante hasta que llegó la reforma de los cistercienses,
que volvieron a adoptar el blanco; de ahí la diferencia que se hace entre
monjes negros y monjes blancos, ambos descendientes y seguidores de la orden
benedictina.
Carlomagno en el siglo VIII
encargó una copia e invitó a seguir esta regla a todos los monasterios de su
imperio. Dio orden de que los monjes se aprendiesen de memoria todos los
capítulos para estar siempre listos a recitar cualquiera de ellos cuando así se
lo demandasen
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